13 dic. 2009

Escuchando sus palabras, siento ese suspiro en mi espalda, helado. Sentir el pulso más acelerado. Escuchar cómo cada palabra al salir, se convierte en un puñal. Acá, en un lugar oscuro y alejado de todo, yo. Que con un par de canciones se intenta sobrellevar la situación. Pero los sentimientos son más fuertes. La angustia.
Cada segundo, cada minuto se hace eterno. El lugar oscuro se llena de suspiros, miradas clavadas en los relojes, agudizando los oídos. Prestar atención se vuelve un trabajo. El no escuchar significa perderse.
Acá, dos sombras.
Allá, una batalla.

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